jueves, 25 de octubre de 2007

Investigación de la Universidad de Chapel Hill, Carolina del Norte

Comprueban que el matrimonio engorda

Estudiaron 8 mil casos en 5 años. Entre los casados, ellos subieron 13,5 kilos; ellas, 11.

(Clarin.com)
Sea por convicción o por escasez de oferta, el "soy solo" reina. Dicen que el fantasma de la convivencia puede hacer implosionar cualquier relación. Pero no es por eso. Si sobraban ítem en el inventario de motivos de los que optan por huirle al matrimonio, acaba de aflorar otro: si eso de casarse, criar panza y convertirse en una caricatura fueron siempre estereotipos para el imaginario popular, ahora estudios científicos lo confirman: sí, estar en pareja eleva las chances de engordar.
El trabajo fue presentado en una conferencia sobre obesidad en Nueva Orleans, Estados Unidos, en donde 1.800 investigadores, médicos y nutricionistas están explorando distintos métodos para entender y combatir el sobrepeso. Los científicos que llegaron a esta conclusión hicieron un seguimiento a 8.000 jóvenes durante cinco años. Si bien no determinaron la cantidad de kilos que se suben por tiempo de convivencia, demostraron que estar soltero aumenta las chances de mantener un peso saludable. Los voluntarios tenían hasta 28 años al comienzo del estudio. Cinco años más tarde, los que seguían solteros habían aumentado menos, en promedio, que los que se casaron. En cambio, los que empezaron a convivir, sin casarse, mostraron valores intermedios.
Según el trabajo de la Universidad de Chapel Hill, de Carolina del Norte, a lo largo de sus vidas, las mujeres suben un promedio de 7 kilos, y los hombres, 11. Pero en los casados el asunto se pone peor: los hombres suben en promedio 13,5 kilos y las mujeres, 11. Para quienes conviven sin casarse, los números son 11 y 8,2 kilos, respectivamente.
¿Será porque al formar una pareja estable aflojan las presiones sociales y las autoimpuestas? ¿Será que cede esa necesidad de estar en carrera para cotizar mejor en la oferta? Según Penny Gordon-Larsen, una de las autoras del estudio, "el compartir el mismo hogar, el mismo ambiente" es una de las causas. La coautora, Nathalie The, esgrime sus razones desde el nombre de su estudio: "Tener hijos, la falta de tiempo para hacer ejercicio".
Y lo común no es que engorde sólo uno de los miembros de la pareja, sino que, como se adquieren nuevos hábitos, hay un "efecto contagio". De hecho, otras investigaciones divulgadas en el New England Journal of Medicine mostraron que la obesidad puede ser "socialmente contagiosa". Al punto que frecuentar amigos obesos eleva casi al 60% los riesgos de que esa persona también presente sobrepeso. Por eso, dice Gordon-Larsen, "deberíamos utilizar la influencia que el compañero puede tener sobre el otro en la pareja para tener una mejor higiene de vida". O sea, si ella llena la heladera de productos sin sabor, él no debería quejarse.
Ahora parece que para no engordar la clave ya no es comer parado mirando la luna, ni masticar en cámara lenta. La clave, entonces, es estar soltero.

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